jueves, 6 de mayo de 2010

Proyecto Final

miércoles, 5 de mayo de 2010

Presentación Final

lunes, 3 de mayo de 2010

theanyspacewhatever at the Guggenheim Museum NYC

Doris Salcedo's Shibboleth

Carsten Holler at the Tate Modern

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"LA CRÍTICA DE ARTE" Y LA ESTÉTICA CONTEMPORÁNEA Por "Adolfo Vásquez Rocca" | Escáner Cultural

CAomo hemos venido señalando en anteriores columnas y Artículos, el registro, la documentación y el tránsito de obras se ha emancipado del fetiche sacralizador del Museo. La consigna adorniana del museo como mausoleo anunciaba ya la puesta en circulación de las obras, su operación de fuga o salida hacia el público, hacia la interactividad que la Web posibilita; la de sus Galerías virtuales y Revistas digitales.

Esta insubordinación de las obras, su abandono del museo, ha radicalizado la desconfianza de la institucionalidad del Arte sobre los medios digitales y las nuevas tecnologías. De allí que la industria cultural haya tomando recaudos respecto de los derechos a la exhibición, la propiedad intelectual de las imágenes, etc. –sometiendo cada vez más a la Cultura a una lógica mercantil y una racionalidad del espectáculo– socavando con ello el potencial crítico de la producción visual, convirtiéndola en una práctica soft y cosmética, políticamente correcta. El aparato de la institucionalidad cultural se dota así de sus sistemas inmunológicos para reeducar el exabrupto y librarse de las cáusticas estrategias con la que los artistas han querido instalar debates política y socialmente relevantes en la agenda iconográfica del inconsciente colectivo del país. La crítica de Arte se constituye así en una escritura desde el margen –sin ejes centralizadores ni moderadores de la opinión o el buen gusto decretado–.

Sirve por que habla de la estética dentro del arte conteporaneo

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Arte conceptual: El culmen del fin del arte


En un claro enfrentamiento con la estética formalista, el arte conceptual no sólo cuestionó abiertamente la validez del formalismo, sino la naturaleza objetual de la obra de arte. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que la consecuente “pérdida de visualidad”, es decir, la subordinación de lo visual a la idea implícita en las prácticas conceptuales, no anuló la materialidad de la obra de arte y, por tanto, la capacidad de ser visualizada. El hecho de que esa capacidad no fuera cuestionada privilegió la aparición del arte, o del rastro del arte, como documento.

El arte conceptual asentó sus pilares sobre el análisis, la teoría y el lenguaje; muy pronto aparecieron nuevas expresiones para definirlo, tales como analytical art (arte analítico) y/o theorical art (arte teórico).

El arte conceptual surgió de la corriente más reflexiva del arte minimal, de aquella que privilegiaba los componentes conceptuales de la obra por encima de sus procesos de ejecución/fabricación. Benjamín H. D. Buchloh señala que habría que entender la estrategia conceptual como la fusión entre dos posturas en principio antagónicas: las nominalista de Duchamp, cuestionadora de lo visual, y la de Ad Reinhardt, más cercana al formalismo empírico, fusión que ya había sido formulada por Frank Stella, en sus Black Paintings (pinturas negras, 1959), y también por Sol Le Witt .