lunes, 3 de mayo de 2010

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Arte conceptual: El culmen del fin del arte


En un claro enfrentamiento con la estética formalista, el arte conceptual no sólo cuestionó abiertamente la validez del formalismo, sino la naturaleza objetual de la obra de arte. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que la consecuente “pérdida de visualidad”, es decir, la subordinación de lo visual a la idea implícita en las prácticas conceptuales, no anuló la materialidad de la obra de arte y, por tanto, la capacidad de ser visualizada. El hecho de que esa capacidad no fuera cuestionada privilegió la aparición del arte, o del rastro del arte, como documento.

El arte conceptual asentó sus pilares sobre el análisis, la teoría y el lenguaje; muy pronto aparecieron nuevas expresiones para definirlo, tales como analytical art (arte analítico) y/o theorical art (arte teórico).

El arte conceptual surgió de la corriente más reflexiva del arte minimal, de aquella que privilegiaba los componentes conceptuales de la obra por encima de sus procesos de ejecución/fabricación. Benjamín H. D. Buchloh señala que habría que entender la estrategia conceptual como la fusión entre dos posturas en principio antagónicas: las nominalista de Duchamp, cuestionadora de lo visual, y la de Ad Reinhardt, más cercana al formalismo empírico, fusión que ya había sido formulada por Frank Stella, en sus Black Paintings (pinturas negras, 1959), y también por Sol Le Witt .

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